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La Caída del “Coordinador de Papel”: Dignidad y Divisionismo en Morena Querétaro

Por: Rodrigo Vissuet 19 de Enero de 2026

La política, en su faceta más cruda, suele disfrazar las retiradas forzosas con narrativas de “nuevos proyectos”. El anuncio de la salida de Edgar “El Güero” Inzunza de la coordinación de la bancada de Morena en la LXI Legislatura del Estado de Querétaro no es la excepción. Aunque la versión oficial intenta posicionar su salida como un paso estratégico para buscar la alcaldía de San Juan del Río por tercera ocasión, la realidad que se respira en los pasillos del Congreso local cuenta una historia de humillación, falta de liderazgo y un vacío de poder que terminó por devorarlo.

Un Coordinador bajo la sombra de las tribus

Desde que el Instituto Electoral del Estado de Querétaro (IEEQ) ratificó su triunfo en el distrito 11, la sombra de la duda planeaba sobre su capacidad de mando. Hoy, lo que eran rumores se ha convertido en una verdad a voces: Inzunza no se va por ambición, sino por amor propio y dignidad.

La bancada de Morena, lejos de ser un bloque monolítico, se ha fracturado en dos grandes centros de gravedad que dejaron a Inzunza como un espectador en primera fila de su propia irrelevancia:

  • Los “Gilbertistas”: Integrados por Rosalba Vázquez, Blanca Benítez, María Eugenia Margarito y Erick Silva.

  • Los “Piedragilovers”: Comandados por Sinhué Piedragil, junto a Sully Sixtos, Homero Barrera y Ulises Gómez de la Rosa.

En este tablero de ajedrez, Inzunza quedó relegado a la categoría de “agente libre” junto a Arturo Maximiliano y Andrea Tovar. Sin embargo, a diferencia de sus pares, Edgar cargaba con la responsabilidad del cargo, convirtiéndose en un “coordinador patito” cuya única función real era la de vocería. Sus compañeros lo utilizaban como pantalla para leer posicionamientos mientras las negociaciones reales ocurrían a sus espaldas.

El costo del desprecio: “De barquito” en la Legislatura

Lo más grave no es la falta de acuerdos, sino la erosión de la figura humana. Los reportes desde el interior del Congreso sugieren que el trato hacia Inzunza rozaba el acoso político. Sin recato alguno, sus propios compañeros lo “pendejeaban” abiertamente, minando su autoridad hasta que la coordinación se volvió insostenible. Esta dinámica, más propia de una secundaria que de un recinto legislativo, terminó por “agarrarlo de barquito”, forzando una salida que, aunque se pretenda vender como digna, tiene tintes de despido.

Nota al margen: Se espera que en los próximos días la bancada emita elogios públicos hacia su desempeño. No se confunda el ciudadano: es la consigna de “lavar la ropa sucia en casa” para no dañar la imagen del partido de cara a los comicios locales.


El reto de San Juan del Río: ¿Incapacidad heredada?

La pregunta que queda en el aire para la ciudadanía de San Juan del Río es contundente: ¿Es este el perfil que el municipio necesita?

San Juan del Río atraviesa una crisis administrativa y de seguridad profunda bajo la gestión de Roberto Cabrera. Con una reestructura profunda anunciada para este 2026 que incluye la desaparición de secretarías y un incremento notable en hechos de violencia —como los recientes hallazgos de terror ocurridos en un pensión de tráileres—, el municipio demanda un liderazgo de hierro.

Si Edgar Inzunza fue incapaz de generar respeto y acuerdos entre 10 compañeros de bancada que comparten su misma ideología, surge la duda legítima sobre si podrá dominar el complejo aparato burocrático y los intereses fácticos de un municipio que es el segundo más importante del estado.

La salida de la coordinación no es un ascenso; es el síntoma de una debilidad que San Juan del Río, en su estado actual, difícilmente podría permitirse cargar.

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